Heinrich Heine

En 1823, el poeta Heinrich Heine escribió su célebre frase profética advirtiendo sobre los peligros de la quema de libros: Ahí donde se queman libros, se acaba quemando también seres humanos (en su tragedia Almansor). Más de un siglo después, en Alemania, el 10 de mayo de 1933, jóvenes estudiantes nazis organizaron una quema de libros nacional para borrar la influencia extranjera de la cultura alemana.  En abril de 1933, se había ya publicado la primera lista de escritores prohibidos en la Alemania nazi. Esta lista incluía más de 150 nombres conocidos dentro y fuera de Alemania. Más de 250 escritores alemanes debieron abandonar el país. El 31 de mayo de 1938, quedó aprobada también la ley sobre el “Retiro de todas las muestras del arte degenerado”, que llevó a la desaparición de centenas de obras de arte de museos y colecciones particulares. Del arte judío desaparecido en el Holocausto habla extensamente Santiago Raigorodsky.

Exactamente como estas palabras de Heine presagiaron, la matanza en masa de personas siguió poco tiempo después de la quema de libros.

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Quema de libros en Alemania nazi, 10 de mayo de 1930 Foto: encyclopedia.ushmm.org

El espíritu profético de Heinrich Heine

Sin embargo, esta no es la única frase profética de Heine. De alguna manera, consiguió profetizar los horrores que marcarían para siempre el siglo XX. Cien años antes del comunismo y del nazismo, Heine entendió el peligro que traerían las ideologías seculares que florecían en Europa en ese tiempo. Tenía miedo del resultado de esta movida ideológica en la que intuía la enorme sed de poder de Alemania. Mirando temerosamente hacia el futuro con su mente penetrante, Heine predijo el crecimiento de una onda de extrema maldad y estaba preocupado por las futuras generaciones. Incluso llegó a escribir que los nietos de sus contemporáneos necesitarían nacer con una “piel extremadamente gruesa.”

Sigmund Freud, al enterarse de que libros suyos habían sido quemados exclamó: “¡Cuánto ha avanzado el mundo: en la Edad Media me habrían quemado a mí!” El mundo, por desgracia, no había avanzado y una brutalidad peor que la de la Edad Media se apoderaría del mundo, con el estallido de la segunda guerra mundial, justo en el año de su muerte, 1939.

La censura nazi y la quema de libros marcan el comienzo del Holocausto

Como recordatorio de algo que ya se sabe, las atrocidades del Holocausto no comenzaron con Auschwitz. La censura de la influencia externa en la Alemania nazi de Adolf Hitler fue un presagio de lo que se estaba preparando.  Cuando el régimen de Hitler tomó el poder en Alemania, surgieron comités patrocinados por el estado para censurar la cultura alemana y administrar campañas de propaganda en el país. El Museo Conmemorativo del Holocausto de los Estados Unidos ubica el comienzo del Holocausto en 1933, el año del programa nacional de quema de libros organizado por la juventud nazi. La quema de libros representó la eliminación de ideas de grupos fuera de lo que Hitler consideraba la “raza superior”. La censura extrema de ideas lleva naturalmente a la extrema discriminación y opresión.

La quema de libros en nuestros tiempos

La historia tiene una manía nefasta de repetirse a sí misma y las noticias en 2015 sobre la quema de libros organizada por el grupo terrorista ISIS hicieron los titulares de la prensa mundial, en un aterrador déjà-vu. Ya antes, en 1989, Salman Rushdie, autor de la novela Los versos satánicos vio sus libros quemados y su vida en peligro, después de haberse decretado un edicto religioso, o fatwa instando a su ejecución por el ayatolá Ruhollah Jomeiní, líder religioso de Irán. Rushdie recuerda que al ver arder su libro en las primeras manifestaciones contra él pensó en Heine.

Heinrich Heine, judío y alemán

Las palabras de Heine son especialmente fatídicas porque él era judío por nacimiento. Pero, ¿quién es Heinrich Heine? Es una pregunta difícil de contestar dado a la profunda complejidad de su alma. Aunque bautizado como protestante a los veintiocho años, Heinrich Heine permaneció dividido entre el judaísmo y el nacionalismo alemán, entre la tradición y la modernidad. Estamos en la difícil época de auto-definición de los judíos alemanes. Por un lado, el deseo de pertenecer a la cultura alemana, por otro, el amor a su identidad judía. Es el dilema de tantas personalidades judías de esa época. Desde Moses Mendelssohn hasta el rabino Samson Raphael Hirsch, desde Theodor Herzl hasta Franz Kafka y Sigmund Freud, todos buscaron formas de conciliar su identidad judía con su pertenencia a la sociedad alemana.

El poeta y escritor Heine

Como todos los seres de extrema inteligencia, en Heine se amontonan las contradicciones: es uno de los más grandes poetas alemanes, pero al mismo tiempo era judío. Un alemán que soñaba con la Gran Alemania, fue un expatriado que pasó la mayor parte de su vida en Francia. El más suave de los poetas, también fue uno de los más amargos y racionales; romántico natural se rebeló contra el vacío del romanticismo.

Su influencia en la literatura alemana ha sido inmensa. Heine, que nació en 1797 y murió en 1856, escribió poesía, obras de teatro, críticas, ensayos, ficción, libros de viajes y periodismo. Todos sus escritos están marcados por una mezcla rara de pasión e ingenio.

“Odio las palabras ambiguas, flores hipócritas, hojas de higuera cobardes, desde el fondo de mi alma”.

Heinrich Heine

Soldado en la guerra de liberación de la humanidad

Profundamente humanista, admiraba a Aristófanes, Cervantes, Molière. Se consideraba a sí mismo un Don Quijote de su tiempo, pero “desde posiciones diametralmente opuestas”, definiendo el quijotismo como “la cosa más preciosa en la vida”. El poeta y crítico cultural Matthew Arnold llamó a Heine “el sucesor y continuador alemán más importante de Goethe en la línea de actividad más importante de Goethe … la de un soldado en la guerra de liberación de la humanidad.”

Menos de un siglo después de su muerte, empezaría el peor periodo en la historia siempre tan sangrienta de la humanidad. El Holocausto es impactante por muchas razones, pero también por pertenecer a una época que creíamos moderna, una época de avance de las ideas, de modernidad y renacimiento cultural, de progreso científico. Una época en la que, pensaríamos igual que Freud, que ya no se quemaban las personas como en la Edad Media.

Las palabras del poeta judío-alemán Heinrich Heine quedan como una advertencia para los siglos futuros, para que puedan identificar rápidamente el levantamiento de una nueva onda de malignidad. Hay que ser vigilantes.

Ahí donde se queman libros, se acaba quemando también seres humanos.