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Dec 062011
 

Revista Madrid en Marco



Lo primordial al afrontar el texto aquí prologado es la interpretación que podamos hacer del inicial sintagma que conforma el título: Lirismos de lo horizontal.
Sin ánimo de anticipar el contenido del ensayo, cabe decir que en él se nos plantea un jugoso enlace entre la lírica y la erótica. Dos términos que quizá hemos podido ver ligados en innumerables ocasiones, con mayor o menor fortuna, pero que bien conjugados nos pueden ofrecer un formato muy atractivo e intimista que, de alguna manera, sea una válvula de escape ante el acecho de tabúes, censuras o, simplemente, de la vergüenza que pueda manifestar el sujeto.
Siendo la lírica un formato muy apropiado para la reflexión sobre temas como la sensualidad, el erotismo o el sexo, debido al gran cúmulo de ambigüedades o diferencias interpretativas a que queda sujeta, será el juicio del lector el que habrá de determinar los contenidos explícitos de los versos, figuras o poemas que se nos presenten, intentando, bien dar con el sentido original del autor, o bien generando él mismo una interpretación que añada diferentes realidades en función de sus connotaciones o experiencias.
Dentro de esta interesante asociación entre lírica y erótica se plantea el autor del ensayo la posibilidad de hacer un análisis sobre una selección de la obra de un escritor, no de tirada comercial, sino adscrito a corrientes de marginalismo y, por qué no, malditismo.
A la tarea de diseccionar y abrir al lector, mostrando interesantes interpretaciones, es a la que se ofrece Diego Vadillo López, en una reflexión llena de ricos matices que tratarán de desnudar a un Carlos Edmundo de Ory que, por otra parte, hace lo propio con los protagonistas de algunos de sus poemas.
Escrutado el título y centrados en el contenido del ensayo, surge la pregunta: ¿Qué es lo que ha podido llevar al autor a tratar tal temática y a hacer un análisis sobre el mismo amparándose en la perfecta excusa que le da este autor en concreto?
Entre las respuestas puede caber una nueva interrogación: ¿A alguien, acaso, puede no fascinarle este tema? Sin duda se trata de una de las grandes cuestiones del ser humano; de las que más placeres, alegrías, ilusiones, motivaciones, desencuentros, tormentos y quebraderos de cabeza han proporcionado al hombre en la historia. Nos podemos encontrar este tema en cualquier corrillo de amigos, en una charla entre compañeros de trabajo, en una confidencia entre conocidos, o en bravuconadas con desconocidos.
Ese arco de posibilidades que cubre el trayecto entre el sexo y el amor siempre ha estado archipresente en el ámbito social.
En cierta ocasión, a uno le preguntaron en un concurso televisivo sobre cuál era el pensamiento al que más tiempo dedicaban los españoles, teniendo como respuestas cerradas las siguientes alternativas: el ocio, la familia, el trabajo o el sexo. El primer impulso del interpelado se dirigió hacia el sexo, pero por vergüenza o pudor se acabó inclinando por el trabajo, perdiendo así la no desdeñable cifra de 6000 €.
Pues sí, el sexo, el erotismo, la sensualidad…, son algunos de los mayores placeres de los que podemos disponer las personas. Un placer que nos iguala a todos y cada uno, salvando las distancias con otros ámbitos placenteros de la vida, pues no tiene que ser mejor en estas esferas el guapo sobre el feo, el rico sobre el pobre o el listo sobre el menos listo.
La horizontalidad es aquí eso: el equilibrio y la armonía de unas relaciones, en sentido amplio, imposibles en otros ciertos ámbitos de lo vertical-jerárquico.
Con este prólogo, en fin, querría animar a disfrutar del ensayo que se puede leer a continuación, donde se tratará, como hemos dicho, sobre un tema que no deja indiferente a nadie y que muestra las interioridades de algunos autores que se prestaron, en su momento, valientemente a ello en sus obras (dado que es algo a lo que muchos quizá no nos atreveríamos). Es por eso que hablar de estos temas no deja de ser algo controvertido, por los límites que las diferentes sociedades siempre han tratado de imponer con respecto a hacer público algo que para muchos es solamente inherente al ámbito de lo privado. Y en el marco de la lírica vemos que eso es algo más sencillo, si se aprovechan los resortes que esta nos presta. Y siendo redundante acabaré concluyendo con el emplazamiento al disfrute de los lirismos de lo horizontal que tenemos entre manos, y también, como no, de la lírica, y de los momentos horizontales también por separado.