web analytics
Jul 312011
 

Por Héctor Martínez Sanz

Niram Art Israel


Victor Brauner y Baruch Elron

Victor Brauner y Baruch Elron

Por todos lados se escucha la agorera profecía del fin del arte, sobre todo de la pintura, frente a las nuevas tecnologías fundamentadas en la velocidad y la imagen digital. Una profecía que se alimenta de especulaciones ciegas y alejadas del arte mismo y los artistas. Gran oportunidad para demostrar la tesis contraria fue el magnífico evento al que fui invitado, y que tuvo lugar a finales del mes de julio, en la capital alemana, Berlín, y organizado por Defeses Fine Arts y la revista de cultura judía Niram Art Israel: “Surrealismo judío: Victor Brauner y Baruch Elron”.

 

Para mí resultó un doble placer recibir la invitación de Eva Defeses, la organizadora del evento: por un lado, volver a cruzar Tiergarten y recorrer los soportales de tiendas cercanos a Zoologischer Garten, frente a “La muela” –Gedächtniskirche-, donde adquirí la poesía completa en alemán de Goethe hará ya cinco años; por otro lado, volver a Berlín tanto tiempo después, respondiendo a la llamada del arte, y en concreto a la llamada de la pintura judía contemporánea.

Efectivamente, junto a Alexander P. Schmidt y Martin Schneider, se demostró que ni el arte ha muerto, ni el surrealismo ha desaparecido, sino que laten más vivos que nunca en las paletas y pinceles del intercambio generacional contemporáneo, de Brauner a Elron. Pudo verse en las video-presentaciones sobre los pintores, realizadas por la Agencia Defeses Fine Arts, en las palabras de cada uno de mis compañeros, en mi intervención y, también, en el libro “Baruch Elron” que, sobre el artista judío, preparo y pronto llegará a las manos de los lectores y amantes del mundo del arte.

 

Observar cómo en Brauner, señalado por Alexander P. Schmidt, se daban casi todas las corrientes de principios del siglo XX –expresionismo, dadaísmo, surrealismo y abstracción-; o, como apuntaba Schneider, la clarividencia de Brauner sobre el mundo moderno en, por ejemplo, “Mythologie” y “Fêtes des mères”… e hilar, sin dificultad, mediante el surrealismo, el recorrido de Baruch Elron por los distintos estilos y técnicas de representación de la segunda mitad del siglo, empezando por la escuela de Viena, fue un hecho excepcional con el que alumbramos que, con solo dos grandes nombres de artistas judíos, era posible contar completa la historia del arte de todo un siglo. Y no sólo esto. También fue posible retroceder en el tiempo hasta el Renacimiento, nombrar a El Bosco, Mantegna, entrar en el barroco español con Velázquez y aterrizar en el s. XIX e inicios del siguiente de la mano de Vincent Van Gogh y pasar a Chagall, De Chirico o Magritte.

 

Y al final de todo ello, unir a ambos pintores, Brauner y Elron, a través del simbólico ojo que los dos recogieron en sus telas como alegorías de la existencia humana, y así Brauner diría en 1961: «Mi pintura es autobiográfica. Yo cuento mi vida. Mi vida es ejemplar porque es universal. Ella cuenta también los sueños primitivos en su forma y en su tiempo…»; o mediante las extrañas criaturas y sugerentes metamorfosis a las que tanto uno como otro dieron vida y un lugar en sus respectivos mundos de fantasía e imaginación. Viendo obras de uno y otro, se comprende que Baruch Elron recoge un legado y una herencia depositada universalmente, entre otros, por Victor Brauner.

 

Como español, es complicado no llevar a ambos artistas –en mi caso, sobre todo, a Baruch Elron- a la cuna del arte desarrollado en España. No podían faltar las referencias, al hablar del surrealismo, de Salvador Dalí, por ejemplo, a través de la metafísica del huevo realizada tanto por el ampurdanés como por Baruch Elron; del mismo modo, tampoco debía olvidarse a Picasso cuando contemplamos a Brauner, ambos con un referente común como Paul Klee.

 

Pero además de estos hechos incontestables, me pareció necesario que el público del debate captara rasgos de la obra de Baruch Elron que van más allá del surrealismo. Así, el profundo humanismo que respira, las fuertes convicciones que muestra, el aliento vital que desprende sobre la sociedad actual y el hombre de hoy en día. Muchos de sus óleos son lo que Brauner calificaría de “pintura-poesía”, poemas sin palabras que dibujan un hombre contemporáneo y sus lastres. Ni me canso ni me cansaré de repetir unas palabras de Elron que dicen algo así como: «si yo pudiera abrir los ojos de un pequeño grupo de personas a través de mis pinturas y le previniera de la pérdida de su personalidad en la moderna sociedad, entonces me tendría por un pintor exitoso». Éste es el fondo, sobre el que cada trazo es un verso de color que avisa y aconseja al espectador sobre su propia vida y existencia, y desde el que cada cuadro se convierte en una toma de conciencia de la vida y el mundo, y, más aún, del hombre moderno todo, habitante de cualquier lugar y tiempo.

 

El lugar, en este caso, fue Berlín, en la sala de un hotel donde el arte cuelga de sus paredes por doquier; y el tiempo, este año de 2011. Aquí y ahora, tomando los ejemplos de Victor Brauner y, más cerca, de Baruch Elron, puedo afirmar que el arte no muere, se abre camino, como en esta ocasión lo hizo desde Israel y Rumanía, pasando por España, hasta el corazón de Alemania.

 

Y así ha de continuar…lo veremos en nuevos pintores judíos que abrirán sus propios caminos sin olvidar a los que anduvieron antes de ellos.

 

Madrid, 25 de julio de 2011

Héctor Martínez Sanz (Madrid, 1979) es licenciado en Filosofía y Letras por la Universidad Complutense de Madrid y Diplomado en Literatura por la Sociedad Cervantina de Madrid. Profesor titular de Filosofía, Lengua y Literatura en Madrid, es autor de: Comentarios a Unamuno y a aquéllos que quisieron ser como dioses (Ed. Antígona, 2006), Por un horizonte de niebla en la colectiva de poesía Con versos, fragmentos de una antología futura (Ed. Antígona, 2006), el recopilatorio poético Antología digital (Retrato Literario, 2009) y Pentágono (Ed. Niram Art 2010). Es director fundador de la revista de arte y ensayo „Madrid en Marco”, premio “Amicus Rumaniae” ICR Madrid marzo 2010, premio “Niram Art 2010—Manuscrito” mayo 2010, premio MAC (Movimiento Arte Contemporáneo—Lisboa) “Crítica de Arte 2010”. y premio “Trofeo de las Celebridades España 2010”.