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May 232011
 

por Fabianni Belemuski

Revista Niram Art Nº 3-4/2011


Que el arte contemporáneo recupere la figura del hombre como protagonista de da expresión artística, indiferentemente del medio utilizado por la creación, es siempre una buena noticia. Es signo de vuelta y esta vez se trata de una vuelta al hombre más sosegada, más sincera. El arte actual es, igual que la filosofía, la música y la literatura, consecuencia de un siglo XX espasmódico, sumiso a losmayores cambios en la historia de la humanidad. Durante las últimas décadas Occidente ha pasado por su época más convulsa. Nunca antes se habían sucedido los cambios en su corazón a una velocidad tan desorbitada, ocurriendo metamorfosis, cambios de signo, negaciones, desvelamientos, encubrimientos y descubrimientos de su propia identidad, hoy tan desprovista de sentido y desnuda, pero enteramente por construir.

Los signos de una identidad renaciente son, entre otros, los de la recuperación del protagonismo humano en el arte. Una vuelta al hombre, después de la muerte del hombre. En todo caso, una vuelta más sincera porque, de momento es todo lo que tenemos. El hombre en toda su desnudez teórica, ideológica, vuelve a afirmarse, esta vez como agujero negro que se derrumba sobre sí mismo, que se   hunde sobre su propio peso: y el arte lo siente y lo expresa así. La figura humana, desposeída, empobrecida, desfigurada, como un recién salido del hospital, convaleciente.

La galería Movimiento del Arte Contemporáneo de Lisboa, presente en el nacimiento de esta nueva Vanguardia Humanoide, pero no de corte humanista, exhibe al hombre como proceso, siempre cambiante, en medio de un torbellino que es la tecnología, el   desarrollo científico y el progreso insostenible en una sociedad cada vez más global. ¿En qué reside el   merito principal de una galería de arte? En saber describir, interpretar, mediante las obras de los    artistas por los que apuesta, la circunstancia cultural-histórica que se vive. Así, artistas como Roberto Chichorro, Santos Lopes,  Ricardo Paula, Joao Duarte o Fernando Pereira, representados por MAC, han   encontrado el espacio idóneo para expresar sus ideas artísticas. Gracias al trabajo de su fundador y director, Álvaro Lobato de  Faria y a sus colaboradores, la galería MAC promueve incansablemente, desde el año 1994 a los artistas que representan el verdadero art nouveau, del alba de este tercer milenio y su relevancia ha adquirido peso internacional desde sus primeros momentos.

Al parecer, este hombre nuevo, actor principal de su propia obra, es un cuerpo, es su cuerpo, es el lugar donde nace, en la piel: así lo expresaba el MAC en su exposición de noviembre de 2010,  Isto é selvagem como a gramática da pele. El filósofo francés, Jean Luc Nancy, ya había predicho la venida del cuerpo como una liberación que le hacía falta al hombre para seguir su evolución histórica. Para ello hacen falta  una   nueva filosofía de la creación: el mundo que está por construir necesita otro tipo de profetas, o por el contrario, el redescubrimiento de los antiguos. Joao Duarte, escultor representado por MAC, muestra en sus trabajos precisamente al cuerpo: cuerpo que viene al encuentro con el mundo que se había olvidado de él, mundo que lo redescubre de la mano de los filósofos de la Deconstrucción, Jacques Derrida o Jean Luc Nancy. Los cuerpos de Duarte ya no son hombres pensativos en cuya mirada se puede leer la preocupación, la pregunta, el júbilo o la melancolía, sino que son ellos mismos convulsos: cuerpos preocupados, en su totalidad, cuerpos del gozo o de la nostalgia, se transforman y se expresan a través de la piel. Joao Duarte muestra al hombre al límite de su piel, existiendo ahí, en la imagen que proyecta. Siempre vemos cuerpos hablando, manifestándose, pensando y Duarte nos los enseña así: son los cuerpos que al límite de su propia existencia se personifican, se muestran: pensado, actuando, siendo.

Excelente ha sido la selección de los artistas por parte de MAC, que mantiene sus sentidos abiertos para captar las   señales de vida que el mundo transmite, revelando un arte que se erige sobre su propio paso, sobre su propia huella, danto paso mucho más que antes a la aparición de su propia ruina, de su vestigio, que es el signo del paso del hombre. Las exposiciones colectivas de la MAC en su sede de Lisboa, son un modelo relevante para situarse en el mundo artístico actual, para encontrar las claves que definen nuestra circunstancia cultural, en la que el hombre gana terreno nuevamente, esta vez sin tantos complejos, sin las ataduras ideológico-religiosas del pasado, listo para reconstruirse a sí mismo sobre sus cenizas, en un mundo todavía por descubrir.