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Mar 312011
 

Antonella Colaninno es crítica de arte, originaria de Napoles.

Hay algo que cambia en Romeo Niram, una trascendencia inmanente que libera al hombre de todo prejuicio y supera el límite de su propio actuar. Un intelectualismo que se nutre de

la pasión a través del espacio de la mente y el mundo físico. Una pintura culta y compleja que pone en relación los diversos lenguajes artísticos con evidente referencia al surrealismo de Dalí, a la metafísica de De Chirico y al primitivismo abstracto de Brancusi, por citar algunos ejemplos. Una pintura con fuertes referencias simbólicas y un nivel narrativo profundo, atenta a las problemáticas sociales. Niram vive su dimensión de artista suspendido entre el pasado y el presente, entre el deseo de afirmar la propia libertad y la plena conciencia de que el arte está en el fondo en relación con todo el ámbito del conocimiento. La liberación del hombre de todo prejuicio y la superación de todo límite se expresa en la lisa fluidez del color y en la atenuación de las zonas de contraste a través de las sombras que remarcan la intensidad y los matices de la emoción. Los sentimientos como la pasión y el erotismo ocupan un espacio abstracto se funden en la inconsistencia de un color evanescente. En Niram se puede hablar de pasión intelectual, un valor erótico que se descubre en la sugestión de hermosas formas y el particular lenguaje corporal que exalta la imagen de una mujer sensual. La relación entre el pintor y la modelo se renueva en un diálogo psicológico, íntimo que deja paso a las sensaciones y las delicadas ansias.

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en Azay Art Magazine