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Feb 262011
 

Hay manifestaciones artísticas que merecen ver la luz, materializarse.

El Arte ha de seguir su camino; ser autónomo y evitar vasallajes que lo condicionen. Es preferible que las artes transiten carreteras secundarias, más arduas por estrechas y por peor asfaltadas, pero en las que no hay que pagar peajes.

En las sociedades capitalistas, las industrias que comercializan el Arte o sus sucedáneos buscan el mayor beneficio con la menor inversión. Los criterios son comerciales, esto es, encontrar el mayor número de potenciales adquirientes para el producto ofertado, porque en eso se acaba convirtiendo la creación artística; aún más, deja de serlo, en muchos casos, para transformarse en un producto fabricado en serie. Y ahí perece el Arte.

El Arte, lo artístico, es la manifestación resultante de una intuición, a su vez, emergida de una explosión en la sensibilidad, por lo que es absurdo materializarlo como si de un producto de primera necesidad se tratase, porque en este caso obrará la vulgarización. El Arte no ha de alimentar el organismo, sino el espíritu. Tampoco es un mero objeto decorativo, ni funcional, hablamos de otra cosa.

La palabra “artista” también se usa con suma generosidad, toda vez que las distintas industrias los prefabrican usando los más diversos trampantojos en pos del máximo beneficio.

Hoy los medios de comunicación son ingentes y accesibles; huelga la intermediación interesada de ciertas industrias. Se ha extendido un manto democratizador bajo el que cualquiera puede mostrar los frutos de su creatividad, caso de haberla.

Universalizada la educación pública y gratuita, muchos cuentan con la formación para albergar esa chispa casual que es la intuición artística. Si sin dicha educación ya surgía, más ahora. Salvando las distancias, con el deporte pasa lo mismo.

Lógicamente, a los que se han beneficiado del favor de la industria durante años para vivir con un tren de vida prohibitivo, no les hará gracia esta inaudita proliferación del talento, la cual rebasa los círculos elitistas de siempre. Hoy cualquiera tiene acceso con Internet a una tribuna planetaria, por marginal que sea.

Los artistas consagrados por la industria capitalista se quejan de la piratería; dicen que dicho fenómeno va a acabar con la música, por ejemplo. Pero, ¿acaso no ha existido siempre la música, incluso sin industria? Mucho me temo que lo que va a desaparecer son los desaforados beneficios de unos pocos. Los verdaderos artistas seguirán creando y para ello buscarán su sustento del modo que sea y su obra quedará, fueren la difusión y el éxito los que fueren. Los productos artísticos industriales duran una o dos campañas publicitarias, salvo aquellos en los que reside esa esencia que los hará perdurables en el tiempo.