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Jan 222011
 

LA VIDA Y EL VICIO: ENTRE EL AISLAMIENTO Y LA SOCIEDAD

Por Héctor Martínez Sanz, Revista Madrid en Marco

Conocí a Lucian Muntean en la primavera de este año. Presentamos su foto-reportaje “Rumanía: Tradiciones en transición”. Con un estilo periodístico entreverado de su estética fotográfica personal nos llevó de viaje en el Espacio Niram de Madrid hacia esa Rumanía desconocida para el ojo extranjero, por ejemplo el mío. Hoy descubro que Lucian Muntean, además de fotógrafo, también trabaja las acuarelas, con el inconfundible estilo periodístico de la viñeta de humor. Sin embargo, el tono no es el humorístico, sino conceptual-didáctico, un tono que se ha perdido con el paso del tiempo y que resulta agradable reencontrarlo. Estoy hablando de la serie de acuarelas titulada “Vicio”.
Muntean_Fumat
La sencilla gramática de las imágenes se identifica con el público mayoritario al que van dirigidos los mensajes. De ahí el punto periodístico que nos aproxima a un registro estándar donde la ilustración y la frase lingüística se convierten en un tándem equilibrado para expresar los vicios contemporáneos que cruzan nuestras vidas, al modo de las formas publicitarias. Desde el riesgo del tabaco representado en un diagrama de barras como un riesgo de evolución exponencial, pasando por las dosis de cafeína diarias, hasta las amenazas de la dependencia internauta y la sustitución del trato personal por el tecnológico a través de los teléfonos móviles, Lucian Muntean establece un pequeño decálogo –sino fuera porque son nueve las ilustraciones, y no diez- de buena salud. No ha de pensarse que se trata de cuestiones marginales que afectan a un pequeño porcentaje de la población. Los refrescos de cola, la vida sexual, el café, los celulares, la copa, la grasa de los dulces o de la hamburguesa de turno, los tabacos y las apuestas, son elementos con los que convivimos a diario, en una rutina que los convierte en tan presentes en nuestras vidas como casi invisibles a la conciencia.
Muntean_grassa
Debe entenderse que “vicio”, como tal, puede ser entendido como “inmoralidad” en un sentido extremo, o como “exceso y mala costumbre” en un sentido más reducido. Y entiendo yo que con Lucian Muntean estamos en este segundo sentido, y no tanto en el contraste con la virtud, que sería el primero. Al caso, una gran parte de los vicios mencionados señalan hábitos o costumbres cuyo primer efecto lo sufrimos en un plano físico y no psíquico, aunque su origen se localice siempre en este último: lo primero que se resiente es nuestro cuerpo. Sólo tres de ellos tienen un origen en la psique y un perjuicio anímico mayor que el físico: la lascivia, la obsesión y la ludopatía.
Pero lo que más sorprende es la aparición de la tecnología dentro del listado de vicios. Una tecnología recién introducida y que a día de hoy empezamos a encontrarla efectos impensables, aunque ya conocidos en tantos otros productos. La dependencia de la conexión a internet, por ejemplo, en esa necesidad de comunicación, reencuentro, y satisfacción artificial de deseos naturales. Es algo habitual ya las personas que han ido ocupando con más y más horas de conexión, sentados ante el ordenador, su tiempo de ocio, su trato personal y su relación con el mundo de la experiencia natural. Gente que necesita su dosis de conexión, su dosis de chat, su dosis de red social, y no ha sabido armonizarlo con la vida física. De la misma forma sucede con los teléfonos móviles, con cada vez más complementos comerciales que nada tienen que ver con la finalidad inicial de la idea tecnológica del móvil. Con ellos se crea una dependencia igual y una sustitución de la relación directa por la relación mediada por la tecnología que alcanza incluso a las relaciones familiares, como señala Lucian Muntean: ¡Tu hijo necesita más de ti que de un teléfono móvil! Digamos que hemos dejado de vernos las caras para mirar pantallas; hemos cambiado el habla por un teclado, los oídos por unos cascos, la voz por un micrófono.
Lucian Muntean no censura absolutamente la costumbre, sino su exceso. Descubro este punto en la paradoja que se produce entre la dependencia descrita del mundo tecnológico y los otros vicios mencionados al principio. La amenaza de la tecnología es el paulatino aislamiento virtual del individuo que mediatiza sus relaciones sociales, mientras que la copa, el fumar, la partida de cartas, la comida rápida, la lujuria, son vicios surgidos en el trato social directo. La conclusión ha de llegarnos en forma de pregunta: ¿podemos vivir sin vicios?, o, ¿podemos obviar la informatización de nuestras vidas en el mundo actual? Y una vez que respondamos, ¿podemos controlarlos? La respuesta queda abierta desde las acuarelas de Lucian Muntean, las cuales nos provocan a la reflexión personal.