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Jan 272011
 

Lara Gala – crítica de arte

Al borde del abismo de la oscuridad, se encuentra la belleza del salón y del mal. Refleja los aullidos de un resplandeciente amargor. El vértigo, la voluptuosidad de la espantosa venganza, del absurdo de la agridulce muerte sobre su reflejo místico.
Purifica la sangre por medio del gusto por la tortura, como un satánico arte, de maravilloso placer. Se ha de gemir ante la belleza de la confusión (trastorno), porque la emoción del alma es más encantadora y halagüeña que la armadura de los ojos. Y al mirar la imagen del mortal bálsamo, la sed y el fervor por jugárnosla nos recuerda que el único riesgo es no atrevernos a arriesgarnos. El apasionante deseo infantil por el odio adulto al tedio, resurge fuera de uno mismo, como si el grito doloroso de las cenizas del interno caos, se convirtiera en un arco iris de la muerte gimiendo frente al mundo. Y en el despertar de la locura, se reencuentra el rencor mezclado con la vida temporal, que pueden hacerse eternos.

Continuación: Azay Art Magazine