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Jan 222011
 

(A PROPÓSITO DE DIEGO VADILLO LÓPEZ)

revista Madrid en Marco

La Editorial Niram Art publicará próximamente en el 2011, el ensayo Gómez de la Serna era trotskista del escritor español Diego Vadillo López, con la colaboración del artista plástico Tudor Serbanescu y prólogo del escritor Héctor Martínez Sanz. Esta obra fue presentada al público en manuscrito en Espacio Niram Madrid el pasado 11 de diciembre.


Artículo de Paloma Fragua


Repasando la historia de la literatura española podemos encontrarnos con personajes curiosos, extravagantes y de costumbres bohemias, los cual era perdonable por tratarse de alguno de esos genios creadores y creativos que parecían necesitar de estas estrategias para llamar la atención de los demás. Evidentemente, entre estas páginas no tenemos ante nosotros a esos personajes que, siendo también personas, hacen que prevalezca, sobre su propio talento, la leyenda urbana de sus actitudes.

Hoy quiero hablar de un escritor sin máscaras, entendiendo por “máscaras” lo descrito anteriormente. Diego Vadillo López es, ante todo, y con el paso del tiempo mucho más, un escritor sincero. Sincero en sus líneas y sincero en su persona. No tiene miedo a mostrarse tal cual es, sin necesitar en modo alguno la esfera bohemia que tanto gusta a otros. Pese a ser un hombre poco convencional, tampoco es un llamativo espécimen que precise de inventarse como personaje para sus creaciones. Cuando le conoces descubres que no solo es un excelente conversador con un perspicaz sentido crítico, sino que, además, se vislumbra en su manera de valorar la realidad esa mirada especial que tienen aquéllos que hacen de la escritura una forma de estar en el mundo.

Hay quienes escribimos por hobby o como terapia en estos tiempos revueltos; hay quienes escriben para ser alguien en una sociedad, la nuestra, en la que es complicado llamar la atención; hay quienes ven en la escritura un desahogo existencial para calmar su alma y entretener la de los que les leen; pero también hay escritores, los que más nos importan aquí, que ven más allá de lo que, a simple vista puede ser visto, y conciben, por ejemplo, a una mujer alcohólica con carrito de la compra incluido, como materia ficticia, como un personaje literario, donde los demás veríamos simplemente a una “pobre mujer” que pasa desapercibida por la calle, un transeúnte más. Esa es la mirada de Diego Vadillo. En sus novelas se rastrea ese genio creador, esa mirada que, sin juzgar la realidad, pues ésta es como es, la dota de una dimensión diferente a lo cotidiano.

Pero no sólo tenemos en Diego Vadillo al novelista, sino al poeta que subyace por debajo de cada línea de prosa. El pintor de palabras cuyos brochazos sugieren más que dicen y dejan abierta una brecha entre lector y autor.

Hace poco, el novelista y el poeta se dieron cita en otro género, un híbrido de ambos y nació el ensayista; y en eso estamos, disfrutando de este hombre versátil de ojos grandes y mirada grandilocuente que escribe a mano antes que a ordenador, que sigue su propio instinto a la hora de deshacerse en palabras y que va creando, en cada obra que pare, un estilo personal alejado de cualquier convención literaria o del márketing actual. Pues, como un don Quijote invierte su pequeña locura en lo que más fe tiene, en sí mismo, ¿no es acaso la locura esa fuerza descomunal de hacerse a uno mismo y seguir el camino particular y determinado en la vida, a pesar de sus inconvenientes y cuyos frutos son mínimas ventajas?

Diego Vadillo López es escritor por encima del ejercicio docente, por encima de sus estudios universitarios, por encima de aquéllos que solamente lo pretenden como título. Diego Vadillo pone su mirada límpida en lo que escribe, novela, poesía o ensayo, algo que, en la actualidad, es de agradecer, sin duda alguna.