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Jan 262011
 

LOS SONIDOS DEL TIEMPO por MIRI KRYMOLOWSKI, REVISTA NIRAM ART

¿Por qué pertenece Elron al arte surrealista? Básicamente, porque pinta con un realismo refinado y una destreza impresionante a los personajes, los objetos y a la naturaleza que resultan absolutamente reales. Pero las conexiones que establece crean un nuevo mundo, fantástico, enigmático, un mundo que plantea muchas preguntas sobre nuestra existencia aquí y ahora.

Cuando André Breton definía el movimiento surrealista (en el Manifiesto Surrealista), solicitaba al arte el “automatismo psíquico puro”, por el que se puediera expresar, verbalmente o por escrito, la verdadera función del pensamiento. (“Un pensamiento dictado en la ausencia de cualquier control exigido por la razón, y fuera de cualquier preocupación moral o estética”). Todo nos lleva a pensar que hay un cierto punto espiritual donde la vida y la muerte, la realidad y la imaginación, el pasado y el futuro, lo alto y lo bajo, todo ello, deja de ser visto como contradictorio.

Los surrealistas como Elron han insistido en presentar tales “auto-representaciones” como las descripciones más precisas, y al mismo tiempo, sacadas de su contexto y de sus relaciones normales.

Por consiguiente, Elron usa el tiempo como motivo. De este modo, se acerca más a los artistas surrealistas del comienzo del siglo XX, especialmente a Salvador Dalí, quien ha intentado representar el tiempo como un concepto que fluye y que escapa al control.

Una de las pinturas más impresionantes de Baruch Elron, que tiene como tema central el tiempo, es “Todo está en sus manos”, de 1995. La pintura representa a un personaje vestido de rojo brillante, mitad bajo el mar, el mismo espacio infinito cuyos límites no podemos percibir. La fuente en forma de círculo parece simbolizar el círculo del tiempo, o tal vez el propio reloj, hecho de varios relojes que flotan en el interior de burbujas de aire. Por entre los relojes voladores: un pájaro, como símbolo del alma, un pez, como símbolo del sacrificio, el abismo que significa el final pero también un nuevo comienzo.

Elron acostumbraba pintar a sus personajes en imágenes que eran sus propias reflexiones. ¿Tal vez también aquí alude a la misma identidad? El personaje tiene un aura radiante parecido al sol. Parece que Elron, que había estado enfermo durante un largo periodo de tiempo, se siente como si hubiera vivido en el mundo “de abajo”. El tiempo le sigue y, como un mago, le ayuda a preservar su equilibrio. Por lo menos, el equilibrio del tiempo biológico.

Es obvio que este capítulo de su vida está conectado a un tema muy importante en la historia del arte, “Vanitas”- el vacio de la existencia humana-, nuestro “de la tierra hemos venido y a la tierra iremos”. Del mismo modo, en las obras en que crea conexiones entre instrumentos musicales, Elron no deja de lado al ser humano como personaje ni tampoco la expresión metafórica de la existencia humana. Elron pinta cellos, contrabajos, trompetas y hasta violines. Los antropomorfiza y cada instrumento musical se convierte en un cuerpo humano que respira. Generalmente, en un cuerpo de mujer, pero no siempre. Instrumentos como el cello o el contrabajo (la viola como representación del cuerpo femenino no es una novedad en el mundo del arte), parecen ser perfectos para ello, pues el cuerpo de cualquier instrumento musical con largas cuerdas parece seguir el calor del cuerpo de una mujer, pero las pinturas de repente inventan otras conexiones bastante sorprendentes. Por ejemplo, en el cuadro I (2003), donde el contrabajo lleva un vestido largo, decente, la cabeza está cubierta con un velo delicado. La mujer está sentada en un escenario imaginario y parece estar tocando con su propio cuerpo.

La relación mujer – instrumento musical es clara en muchas de sus obras, pero también aquí Elron nos confunde, porque no sabemos quién es la figura dominante: la mujer o el instrumento.

Los instrumentos viento-metal adquieren nuevas formas, siempre en relación con las manos. Una mano toma el control del instrumento, la otra sostiene la trompeta como una bandera; en la pintura “Notas musicales”, una mano, exhibiendo una trompeta, escribe con precaución notas musicales. En estas obras, Elron conecta la música con la musa de la creación artística y expresa su amor por el arte subrayando la importancia de la música en la vida humana en general, y en la suya en particular.

En el cuadro “Sin título” figura un personaje masculino en cima del portátil. En otra obra, asocia un impresionante torso masculino al mayor instrumento de una orquesta, los tambores.

El escritor Nathan Shaham dijo una vez que al escuchar música, nos escuchamos a nosotros mismos. Sólo podemos pensar que muchas de las creaciones de Elron sobre este tema pueden estar relacionadas con esta observación.

La relación entre las obras estructuradas alrededor del tema del tiempo y la música es una conexión muy exigente y recargada – en todas las pinturas en las que figuran instrumentos musicales, es difícil apreciar el tiempo-. Parece que en las creaciones que tienen que ver con el tiempo y lo atemporal, todo flota entre el cielo y la tierra, nuestra existencia incluida.

En las últimas series de pinturas antes de su muerte (una obra se ha quedado huérfana, sin acabar), Elron vuelve al tema del tiempo. Los personajes principales son una mujer hermosa, con relojes de variadas formas a su alrededor, especialmente clepsidras – debajo de todas estas mujeres, están escritas en latín variantes de pasajes sobre el tiempo: “el tiempo vuela, el tiempo lo destruye todo”. La idea del “vanitas” también parece estar presente, porque él estaba, en aquel entonces, muy profundamente interesado en lo efímero y lo frágil del tiempo. Es sorprendente, sin embargo, que escogiera ilustrar esta idea mediante las lágrimas de una mujer. Su obra más potente de esta serie es la de la mujer que está pintando. A su lado, un pájaro imaginario con plumas de azul brillante (no hay que olvidar el hecho de que este pájaro es un símbolo del alma humana), y en segundo plano, un paisaje fantástico, fuera de la tierra. En la mesa junto a la mujer – pintora está escrito lo siguiente: “el arte es largo, la vida es breve”, mientras que en las cajas de las pinturas Elron escribe, irónicamente, su nombre. Es esta pintura la que deja claro, más allá de las palabras, la actitud del artista hacia la vida y el arte.

Mediante los dos temas, el tiempo y la música, Baruch Elron nos propone una aventura espiritual hacia lo hondo de nuestras almas